{"id":45772,"guid":{"rendered":"https:\/\/graf.cat\/?post_type=event&#038;p=45772"},"modified":"2025-07-24T21:30:08","modified_gmt":"2025-07-24T19:30:08","slug":"raw-dreams-alina-melnikova-2","status":"publish","type":"event","link":"https:\/\/graf.cat\/en\/events\/event\/raw-dreams-alina-melnikova-2\/","title":{"rendered":"Raw dreams &#8211; Alina Melnikova"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-46073\" src=\"https:\/\/graf.cat\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/alinafeed-1-679x960.jpg\" alt=\"\" width=\"679\" height=\"960\" srcset=\"https:\/\/graf.cat\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/alinafeed-1-679x960.jpg 679w, https:\/\/graf.cat\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/alinafeed-1-150x212.jpg 150w, https:\/\/graf.cat\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/alinafeed-1-768x1086.jpg 768w, https:\/\/graf.cat\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/alinafeed-1-1086x1536.jpg 1086w, https:\/\/graf.cat\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/alinafeed-1-1448x2048.jpg 1448w, https:\/\/graf.cat\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/alinafeed-1-scaled.jpg 1810w\" sizes=\"auto, (max-width: 679px) 100vw, 679px\" \/><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-45965\" src=\"https:\/\/graf.cat\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/alina_melinkova_raw_dreams_-714x960.jpg\" alt=\"\" width=\"714\" height=\"960\" srcset=\"https:\/\/graf.cat\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/alina_melinkova_raw_dreams_-714x960.jpg 714w, https:\/\/graf.cat\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/alina_melinkova_raw_dreams_-150x202.jpg 150w, https:\/\/graf.cat\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/alina_melinkova_raw_dreams_-768x1033.jpg 768w, https:\/\/graf.cat\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/alina_melinkova_raw_dreams_-1142x1536.jpg 1142w, https:\/\/graf.cat\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/alina_melinkova_raw_dreams_.jpg 1274w\" sizes=\"auto, (max-width: 714px) 100vw, 714px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"","protected":false},"author":186,"featured_media":0,"template":"","meta":{"_acf_changed":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0},"event-venues":[509],"event-tags":[],"class_list":["post-45772","event","type-event","status-publish","hentry","event-venue-espai-souvenir","event-category-inauguracio"],"acf":{"title_ca":"Raw dreams - Alina Melnikova ","title_es":"Raw dreams - Alina Melnikova","title_en":"Raw dreams - Alina Melnikova ","desc_ca":"<strong>Raw dreams - Alina Melnikova -\r\n<\/strong>\r\n\r\n<strong>Inauguraci\u00f3: 13 de mar\u00e7 de 2025 - 19 h -\u00a0<\/strong><strong> Del 14 de mar\u00e7 al 7 d\u2019abril de 2025\u00a0<\/strong>\r\n\r\n<strong>Amb el suport de l\u2019Institut de Cultura de Barcelona<\/strong>\r\n\r\n<em><strong>\u00bfQu\u00e9 es un paisaje?<\/strong><\/em>\r\n<em><strong>\u00bfUn lugar? \u00bfUna vista? \u00bfUna imagen? \u00bfUn delirio?<\/strong><\/em>\r\n\r\nEl paisaje, dicen, existe solo bajo la mirada del ser humano moderno: el ser de la urbe industrializada, deseoso de escapar de ella, fascinado por un eterno retorno nost\u00e1lgico hacia una naturaleza originaria. Desde el siglo XVII, las ideas de separaci\u00f3n, p\u00e9rdida, alienaci\u00f3n y dispersi\u00f3n han sido inseparables del sentimiento de nostalgia. Una conciencia de fractura irreversible entre el hombre y el mundo, entre el yo y la naturaleza. Un sentimiento que atraviesa la filosof\u00eda, la literatura, la poes\u00eda rom\u00e1ntica y, por supuesto, la pintura de paisaje. En este sentido, la pintura paisaj\u00edstica se ha convertido en una de las encarnaciones est\u00e9ticas de la nostalgia. Por un lado, la nostalgia remite al pasado y a la memoria, o m\u00e1s bien a un desorden de la memoria: un exceso de deseo por un tiempo perdido, una resistencia a aceptar la irreversibilidad del tiempo, mientras que tambi\u00e9n se asocia al desarraigo y a la p\u00e9rdida de lugares de referencia - el<i> mal du pays.<\/i>\r\n\r\nLas \u00faltimas pinturas de Alina Melnikova, reunidas bajo el t\u00edtulo de <i>Raw Dreams<\/i>, parecen dialogar con, y a la vez cuestionar, esa melancol\u00eda, esa separaci\u00f3n conmovedora.\r\n\r\nLa pintora construye sus im\u00e1genes con pinceladas de \u00f3leo que <i>imitan<\/i> la inmediatez del trazo de un rotulador: un trazo continuo, preciso y uniforme, casi imposible de difuminar (como en sus trabajos en papel, donde s\u00ed emplea el rotulador o el aer\u00f3grafo para crear l\u00edneas y cuerpos limpios y directos). En estas obras sobre lienzo, la apariencia de trazo continuo surge de una aplicaci\u00f3n minuciosa del \u00f3leo: la textura no est\u00e1 en la variaci\u00f3n de la intensidad del color o el degradado crom\u00e1tico, sino en la yuxtaposici\u00f3n cuidadosa de tonos, mediante pinceladas que buscan mantenerse separadas y evitar la mezcla. El gesto pict\u00f3rico de Melnikova juega con esta trampa t\u00e9cnica, desafiando, quiz\u00e1s, con un gui\u00f1o a la espontaneidad del trazo instintivo y naive, la solemnidad de la pintura de paisaje hist\u00f3rica. As\u00ed genera escenas que oscilan entre lo figurativo y lo abstracto, donde la imagen no se ofrece como una representaci\u00f3n, sino como una insinuaci\u00f3n, como el eco visual de un sue\u00f1o apenas recordado, tal y como sugiere el t\u00edtulo de la serie.\r\n\r\nEn sus dos grandes lienzos, que marcan la atm\u00f3sfera predominante de este cuerpo de trabajo, conjuntos confusos y densos de formas vegetales y atmosf\u00e9ricas se extienden cubriendo toda la superficie del lienzo. Paisajes, quiz\u00e1s, de im\u00e1genes recordadas, imaginadas, so\u00f1adas, deliradas. Un bosque, un cielo, una tormenta. Criaturas que se insin\u00faan t\u00edmidamente entre la vegetaci\u00f3n: la curva de una cola escamosa que podr\u00eda ser de serpiente o sirena, unos dedos alargados que emergen discretamente entre las hojas, sombras animales que se desdibujan en el follaje. Domina una paleta de verdes que no parece apuntar a emular la naturaleza encantada y ben\u00e9vola: se trata de verdes sint\u00e9ticos, intensos, artificiales. No remiten a un para\u00edso perdido. Sin embargo, este verde artificial, industrial, se ve cargado de una emocionalidad intensa. Sirve para definir atm\u00f3sferas cargadas de angustia, deseo, esperanza o temor.\u00a0 Un territorio fabricado que existe en la memoria y en la enso\u00f1aci\u00f3n, pero con una materialidad concreta. No se trata de un paisaje-refugio, sino un artificio que esboza un escenario de extra\u00f1eza y desasosiego, como el instante tenso antes de una tormenta.\r\n\r\nEn contraste, los retratos de Melnikova introducen un espacio de calma y contenci\u00f3n. Rostros t\u00edmidos, velados, que buscan refugiarse de la mirada tras una flor o miran inexorables hacia la nada, proyect\u00e1ndose fuera del cuadro. Pieles claras y pecosas, atravesadas por tonos suaves y pasteles: marrones, verdes, beiges, rosas y rojos diluidos definen las l\u00edneas del rostro y sugieren expresiones y emociones. Transmiten una pureza casi infantil. Las pecas en la piel se convierten en un sutil puntillismo pict\u00f3rico: un patr\u00f3n sin orden o raz\u00f3n aparente que, en algunos momentos, se expande y cubre el rostro entero. Estos retratos son tambi\u00e9n paisajes: paisajes de la intimidad, de lo fr\u00e1gil y lo contenido. Frente a la inquietud de la naturaleza, ellos parecen ser su contrapunto: la parte vulnerable y silenciosa de un mundo que los envuelve.\r\n\r\nUna \u00faltima pintura muestra un cuerpo humano en una escena urbana. Un vestido de lentejuelas brilla, iluminando a un cuerpo inmortalizado en una postura sentada: la oscuridad sugiere una escena nocturna, tal vez en un autob\u00fas o en una parada de metro. La imagen desvela c\u00f3mo la pr\u00e1ctica pict\u00f3rica de Melnikova se enra\u00edza en la observaci\u00f3n del entorno urbano de Barcelona, un espacio y tiempo donde la vegetaci\u00f3n brilla, a menudo, por su ausencia, o se limita a ser evocada por los motivos decorativos de los edificios y las ceras que acompa\u00f1an las calles.\r\n\r\nMelnikova construye una materialidad que no es et\u00e9rea, sino sint\u00e9tica y, sin embargo, impregnada de poes\u00eda; no se trata de im\u00e1genes para contemplar nost\u00e1lgicamente, sino de una textura que se habita, a partir de la vista, pero tambi\u00e9n con los dem\u00e1s sentidos. No propicia una distinci\u00f3n cartesiana entre humanidad y naturaleza. Su pintura crea un universo donde la naturaleza es, en s\u00ed misma, un artificio, una trampa, una met\u00e1fora, un deseo delirante. <b><i>\u00bfQu\u00e9 es un paisaje?<\/i><\/b> Quiz\u00e1 sea esto. Una realidad casi alucinada. Algo que emerge de un estado de conciencia alterado. Un entorno donde todo aparenta ser borroso y tangible a la vez, donde todo est\u00e1 suspendido e inmortalizado, y en proceso de cambio al mismo tiempo. Algo est\u00e1 a punto de acontecer, pero este tiempo suspendido puede ser eterno a la vez.\r\n\r\nTexto de Mariella Franzoni\r\n\r\n<strong>Alina Melnikova<\/strong> (Vilnius 1983) vive y trabaja en Barcelona. Ha exhibido sus obras ampliamente en Europa desde que se gradu\u00f3 de la Academia de Artes de Vilnius en 2008. Su medio preferido es la pintura, lo que le permite jugar con la seriedad y las visiones tradicionales que a menudo se atribuyen a la pintura figurativa al \u00f3leo. En sus \u00faltimas obras, Melnikova explora la relaci\u00f3n entre la naturalidad y la artificialidad y sus reflejos socioculturales.\r\nEn 2009, gan\u00f3 el Premio para J\u00f3venes Pintores en Lituania. En 2013, fue invitada a la residencia internacional de artistas \u201cLa Cit\u00e9 Internationale des Arts\u201d en Par\u00eds. Su obra ha sido exhibida en instituciones art\u00edsticas de importancia internacional, como el Centro de Arte Contempor\u00e1neo de Tallin (Estonia), Vilnius (Lituania) y Cracovia (Polonia). La obra de Alina forma parte de colecciones de arte contempor\u00e1neo como la Dietrich Mateschitz (Red Bull Collection), Lewben Art Foundation, MO Museum y SEB Bank. En 2022, su obra fue incluida en el libro Lithuanian Women Artists: Women Artists in the Visual Arts from the Beginning of the 20th Century to the Present Day de A. Naru\u0161yt\u0117. En noviembre de 2025 va a exponer en el Museo Nacional de Arte de Lituania, en la sede V. Kasiulis.\r\n\r\n&nbsp;\r\n\r\n&nbsp;","desc_es":"<strong>Raw dreams - Alina Melnikova -\r\n<\/strong>\r\n\r\n<strong>Opening 13 marzo 2025 - 19hs - <\/strong><strong>Desde el 14 de Marzo al 7 Abril 2025\u00a0<\/strong>\r\n\r\n<strong>Amb el suport de l\u2019Institut de Cultura de Barcelona<\/strong>\r\n\r\n<em><strong>\u00bfQu\u00e9 es un paisaje?<\/strong><\/em>\r\n<em><strong>\u00bfUn lugar? \u00bfUna vista? \u00bfUna imagen? \u00bfUn delirio?<\/strong><\/em>\r\n\r\nEl paisaje, dicen, existe solo bajo la mirada del ser humano moderno: el ser de la urbe industrializada, deseoso de escapar de ella, fascinado por un eterno retorno nost\u00e1lgico hacia una naturaleza originaria. Desde el siglo XVII, las ideas de separaci\u00f3n, p\u00e9rdida, alienaci\u00f3n y dispersi\u00f3n han sido inseparables del sentimiento de nostalgia. Una conciencia de fractura irreversible entre el hombre y el mundo, entre el yo y la naturaleza. Un sentimiento que atraviesa la filosof\u00eda, la literatura, la poes\u00eda rom\u00e1ntica y, por supuesto, la pintura de paisaje. En este sentido, la pintura paisaj\u00edstica se ha convertido en una de las encarnaciones est\u00e9ticas de la nostalgia. Por un lado, la nostalgia remite al pasado y a la memoria, o m\u00e1s bien a un desorden de la memoria: un exceso de deseo por un tiempo perdido, una resistencia a aceptar la irreversibilidad del tiempo, mientras que tambi\u00e9n se asocia al desarraigo y a la p\u00e9rdida de lugares de referencia - el<i> mal du pays.<\/i>\r\n\r\nLas \u00faltimas pinturas de Alina Melnikova, reunidas bajo el t\u00edtulo de <i>Raw Dreams<\/i>, parecen dialogar con, y a la vez cuestionar, esa melancol\u00eda, esa separaci\u00f3n conmovedora.\r\n\r\nLa pintora construye sus im\u00e1genes con pinceladas de \u00f3leo que <i>imitan<\/i> la inmediatez del trazo de un rotulador: un trazo continuo, preciso y uniforme, casi imposible de difuminar (como en sus trabajos en papel, donde s\u00ed emplea el rotulador o el aer\u00f3grafo para crear l\u00edneas y cuerpos limpios y directos). En estas obras sobre lienzo, la apariencia de trazo continuo surge de una aplicaci\u00f3n minuciosa del \u00f3leo: la textura no est\u00e1 en la variaci\u00f3n de la intensidad del color o el degradado crom\u00e1tico, sino en la yuxtaposici\u00f3n cuidadosa de tonos, mediante pinceladas que buscan mantenerse separadas y evitar la mezcla. El gesto pict\u00f3rico de Melnikova juega con esta trampa t\u00e9cnica, desafiando, quiz\u00e1s, con un gui\u00f1o a la espontaneidad del trazo instintivo y naive, la solemnidad de la pintura de paisaje hist\u00f3rica. As\u00ed genera escenas que oscilan entre lo figurativo y lo abstracto, donde la imagen no se ofrece como una representaci\u00f3n, sino como una insinuaci\u00f3n, como el eco visual de un sue\u00f1o apenas recordado, tal y como sugiere el t\u00edtulo de la serie.\r\n\r\nEn sus dos grandes lienzos, que marcan la atm\u00f3sfera predominante de este cuerpo de trabajo, conjuntos confusos y densos de formas vegetales y atmosf\u00e9ricas se extienden cubriendo toda la superficie del lienzo. Paisajes, quiz\u00e1s, de im\u00e1genes recordadas, imaginadas, so\u00f1adas, deliradas. Un bosque, un cielo, una tormenta. Criaturas que se insin\u00faan t\u00edmidamente entre la vegetaci\u00f3n: la curva de una cola escamosa que podr\u00eda ser de serpiente o sirena, unos dedos alargados que emergen discretamente entre las hojas, sombras animales que se desdibujan en el follaje. Domina una paleta de verdes que no parece apuntar a emular la naturaleza encantada y ben\u00e9vola: se trata de verdes sint\u00e9ticos, intensos, artificiales. No remiten a un para\u00edso perdido. Sin embargo, este verde artificial, industrial, se ve cargado de una emocionalidad intensa. Sirve para definir atm\u00f3sferas cargadas de angustia, deseo, esperanza o temor.\u00a0 Un territorio fabricado que existe en la memoria y en la enso\u00f1aci\u00f3n, pero con una materialidad concreta. No se trata de un paisaje-refugio, sino un artificio que esboza un escenario de extra\u00f1eza y desasosiego, como el instante tenso antes de una tormenta.\r\n\r\nEn contraste, los retratos de Melnikova introducen un espacio de calma y contenci\u00f3n. Rostros t\u00edmidos, velados, que buscan refugiarse de la mirada tras una flor o miran inexorables hacia la nada, proyect\u00e1ndose fuera del cuadro. Pieles claras y pecosas, atravesadas por tonos suaves y pasteles: marrones, verdes, beiges, rosas y rojos diluidos definen las l\u00edneas del rostro y sugieren expresiones y emociones. Transmiten una pureza casi infantil. Las pecas en la piel se convierten en un sutil puntillismo pict\u00f3rico: un patr\u00f3n sin orden o raz\u00f3n aparente que, en algunos momentos, se expande y cubre el rostro entero. Estos retratos son tambi\u00e9n paisajes: paisajes de la intimidad, de lo fr\u00e1gil y lo contenido. Frente a la inquietud de la naturaleza, ellos parecen ser su contrapunto: la parte vulnerable y silenciosa de un mundo que los envuelve.\r\n\r\nUna \u00faltima pintura muestra un cuerpo humano en una escena urbana. Un vestido de lentejuelas brilla, iluminando a un cuerpo inmortalizado en una postura sentada: la oscuridad sugiere una escena nocturna, tal vez en un autob\u00fas o en una parada de metro. La imagen desvela c\u00f3mo la pr\u00e1ctica pict\u00f3rica de Melnikova se enra\u00edza en la observaci\u00f3n del entorno urbano de Barcelona, un espacio y tiempo donde la vegetaci\u00f3n brilla, a menudo, por su ausencia, o se limita a ser evocada por los motivos decorativos de los edificios y las ceras que acompa\u00f1an las calles.\r\n\r\nMelnikova construye una materialidad que no es et\u00e9rea, sino sint\u00e9tica y, sin embargo, impregnada de poes\u00eda; no se trata de im\u00e1genes para contemplar nost\u00e1lgicamente, sino de una textura que se habita, a partir de la vista, pero tambi\u00e9n con los dem\u00e1s sentidos. No propicia una distinci\u00f3n cartesiana entre humanidad y naturaleza. Su pintura crea un universo donde la naturaleza es, en s\u00ed misma, un artificio, una trampa, una met\u00e1fora, un deseo delirante. <b><i>\u00bfQu\u00e9 es un paisaje?<\/i><\/b> Quiz\u00e1 sea esto. Una realidad casi alucinada. Algo que emerge de un estado de conciencia alterado. 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Su obra ha sido exhibida en instituciones art\u00edsticas de importancia internacional, como el Centro de Arte Contempor\u00e1neo de Tallin (Estonia), Vilnius (Lituania) y Cracovia (Polonia). La obra de Alina forma parte de colecciones de arte contempor\u00e1neo como la Dietrich Mateschitz (Red Bull Collection), Lewben Art Foundation, MO Museum y SEB Bank. En 2022, su obra fue incluida en el libro Lithuanian Women Artists: Women Artists in the Visual Arts from the Beginning of the 20th Century to the Present Day de A. Naru\u0161yt\u0117. En noviembre de 2025 va a exponer en el Museo Nacional de Arte de Lituania, en la sede V. Kasiulis.\r\n\r\n&nbsp;\r\n\r\n&nbsp;","desc_en":"<strong>Raw dreams - Alina Melnikova -\u00a0 <\/strong>\r\n<strong>Opening March 13th 2025 - 7 pm\r\nFrom March 13th 2024 to Apr 7th 2025 <\/strong>\r\n\r\n<strong>Amb el suport de l\u2019Institut de Cultura de Barcelona<\/strong>\r\n\r\nWhat is a landscape?\r\nA place? A view? An image? A hallucination?\r\n\r\nThey say landscape exists only under the gaze of the modern human: one who, emerging from the industrialized city, longs to escape it, drawn by a nostalgic yearning for an unattainable, original nature. Since the seventeenth century, notions of separation, loss, alienation, and dispersion have been inseparable from the feeling of nostalgia. An awareness of an irreversible fracture between humans and the world, between the self and nature. This sentiment permeates philosophy, literature, poetry in Romanticism, and, of course, landscape painting, too. In this sense, the depiction of landscape became one of the aesthetic embodiments of nostalgia. Nostalgia reaches toward the past and memory, or rather, a disorder of memory: an excess of longing for lost time, a resistance to accepting the irreversible nature of time; it is also tied to displacement and the loss of reference points, a longing for a homeland \u2013 a mal du pays.\r\nThe latest paintings by Alina Melikova seem to both engage with, and question, that melancholy, that poignant sense of separation.\r\nIn Raw Dreams, Melikova constructs her images with oil brushstrokes that mimic the immediacy of a marker\u2019s trace: a continuous, precise, and uniform line, almost impossible to blur, reminiscent of her works on paper where markers and airbrushes create clean, direct lines and forms. On these canvas, the appearance of a continuous trace arises from the meticulous application of oil paint: the texture is not defined by gradients or shifts in color intensity but through the careful juxtaposition of tones, through brushstrokes that strive to remain separate, avoiding any merging.\r\nMelikova\u2019s painterly gesture plays with this technical trick, perhaps challenging, with a nod to the instinctive spontaneity of naive mark-making, the solemnity of traditional landscape painting. She creates scenes that oscillate between the figurative and the abstract, where the image doesn\u2019t offer itself as representation but as suggestion, like the faint echo of a barely remembered dream, just as the series title suggests.\r\nIn her large canvases, which set the prevailing tone of this body of work, dense and tangled vegetal and atmospheric forms stretch across the entire surface. Landscapes, perhaps, of memories recalled, imagined, dreamt, hallucinated. A forest, a sky, a storm. Creatures timidly suggested among the foliage: the curve of a scaly tail that could belong to a serpent or a mermaid, elongated fingers discreetly emerging from behind the leaves, animal shadows dissolving into the undergrowth. A palette of greens dominates: greens that refuse to mimic the benevolent enchantment of nature. These are synthetic greens, intense and artificial, disconnected from any notion of a lost paradise. Yet, this artificial, industrial green is charged with an intense emotionality. It defines atmospheres laden with anguish, desire, hope, or fear. A territory crafted by imagination, rooted in memory and reverie, but with a concrete materiality. This isn\u2019t a landscape of refuge but an artifice that sketches a scene of strangeness and unease \u2013 like the tense moment before a storm.\r\nIn contrast, Melikova\u2019s portraits introduce a space of calm and restraint. Shy, veiled faces seek refuge from the gaze behind a flower or stare inexorably into nothingness, projecting themselves beyond the canvas.\r\n\r\nPale, freckled skins are marked by soft, pastel tones: diluted browns, greens, beiges, pinks, and reds tracing the lines of the face, hinting at emotions and expressions. They carry an almost childlike purity.\r\nThe freckles on the skin form a delicate, painterly pointillism. An irregular pattern, without apparent order or reason, that in some moments expands to cover entire faces. These portraits are landscapes, too. Landscapes of intimacy, of fragility and containment. Set against the restlessness of nature, they seem to be its counterpoint: the vulnerable, silent part of a world that enfolds them.\r\nIn one final painting, a human figure appears in an urban scene. A sequined dress glimmers, illuminating a body captured in a seated pose. Darkness suggests a nocturnal setting. Perhaps on a bus or at a metro stop. The image hints at how Melikova\u2019s practice is rooted in her observation of Barcelona\u2019s urban environment, a space and time where vegetation is often absent, evoked only in the decorative motifs of buildings and the carved patterns along city streets. Melikova\u2019s landscapes are not nostalgic images meant for contemplation. Rather, they are textures to be inhabited, first through the gaze, but also with the rest of the senses. Her materiality isn\u2019t ethereal but synthetic, yet infused with poetry. Her work resists a Cartesian divide between humanity and nature. Instead, her paintings create a universe where nature is itself an artifice, a trap, a metaphor, a delirious desire. What is a landscape? Perhaps it is this. A near-hallucination.Something emerging from an altered state of consciousness. An environment where everything seems at once blurred and tangible, suspended and immortalized, yet constantly shifting. Something is about to happen, though this suspended time could be eternal too.\r\n\r\nMariella Franzoni text\r\n\r\nAlina Melnikova (Vilnius 1983) lives and works in Barcelona. She has exhibited her works extensively across Europe since graduating from the Vilnius Academy of Arts in 2008. Her preferred medium is painting, which allows her to play with the seriousness and traditional views often attributed to figurative oil painting.\r\nIn her latest works, Melnikova explores the relationship between naturality and artificiality and its sociocultural reflections.\r\nIn 2009, she won the Award for Young Painters in Lithuania. In 2013, she was invited to the international artist residency \u201cLa Cit\u00e9 Internationale des Arts\u201d in Paris. Her work has been exhibited in internationally significant art institutions, including the Contemporary Art Center of Tallinn (Estonia), Vilnius (Lithuania), and Krakow (Poland). Alina\u2019s work is part of contemporary art collections such as the Dietrich Mateschitz (Red Bull Collection), Lewben Art Foundation, MO Museum, and SEB Bank. In 2022, her work was included in the book Lithuanian Women Artists: Women Artists in the Visual Arts from the Beginning of the 20th Century to the Present Day by A. Naru\u0161yt\u0117. She has an upcoming exhibition at the National Lithuanian Art Museum, V. 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