Inauguración de Gran ritmo, de Paula García-Masedo. Dentro del ciclo Legados en potencia.
Con la colaboración de la comunidad hilandera de Villarejo de Salvanés
Con la contribución de Julia Ramírez-Blanco
Comisariado: Oriol Fontdevila
Del 24 de julio de 2026 al 7 de febrero de 2027
Inauguración, viernes 24 de julio a las 19 h
Canónica de Santa Maria de Vilabertran
Una coproducción de la Agència Catalana del Patrimoni y el Bòlit, Centre d’Art Contemporani de Girona.
Con el apoyo de una Beca Leonardo 2025 para la Investigación Científica y la Creación Cultural de la Fundación BBVA
Legados en potencia es un ciclo de exposiciones del Bòlit, Centre d’Art Contemporani de Girona, que presenta proyectos artísticos de nueva creación basados en una serie de casos de estudio relativos a controversias patrimoniales que proceden de las comarcas de Girona o bien encuentran ramificaciones en ellas.
Hilar la cuerda ha incidido, durante muchos años, en el trenzado de estilos de vida, incluso de cosmovisiones. Retorcer manualmente las fibras orgánicas del esparto hasta formar cuerdas ha sido una manera de entrelazar íntimamente proyectos sociales con sistemas de creencias, así como economías sustancialistas con el clima semiárido de las estepas ibéricas y del Mediterráneo.
Paula García-Masedo (Madrid, 1984) se refiere a la circularidad que se produce entre el giro del brazo que retuerce la cuerda, el giro de la materia dentro del territorio y el giro estacional como una coreografía cuidadosamente acompasada, un gran ritmo. Aunque han sido necesarios muchos años para comprender que, en la formación de sistemas, ningún hilo determina enteramente ni el tejido ni la madeja, al mismo tiempo que ninguno queda completamente subyugado a ellos.
El humanismo puso en el centro al titiritero (el humano) y le atribuyó toda la capacidad de actuación. El antihumanismo subrayó, en cambio, el efecto que ejerce la marioneta (la materia) sobre el titiritero a la hora de determinar un abanico de posibilidades. Es una manifestación de ello el materialismo histórico, que desplazó la capacidad de actuación enteramente hacia la economía; o el construccionismo social, que la atribuye estrictamente al contexto.
Pero, tal vez, la capacidad de actuación entre marionetas y titiriteros se deba a los hilos que los mantienen unidos. Así lo han sugerido recientemente una serie de pensadores posthumanistas, encabezados por Bruno Latour y Donna Haraway: la cuerda es el elemento que proporciona agencia a las entidades que pone en relación y las capacita para la creación de mundos en común.
En Vilabertran, por ejemplo, se conservan una veintena de norias esparcidas por la localidad. En cambio, de las maromas de esparto que las unían a los animales de tiro y, a estos, a la sociedad agrícola, no se conserva ninguna. Tal vez no sea una coincidencia que el actual esfuerzo por desplazar el foco del pensamiento de los entes (marionetas y titiriteros) a las cuerdas (redes) tenga lugar al mismo tiempo que se impulsa el reconocimiento del trabajo artesanal con fibras vegetales como el esparto como parte del patrimonio inmaterial.
La imposibilidad de comprender el poder más allá de la rivalidad entre marionetas y titiriteros hizo que la modernidad occidental olvidara los mundos de vida que emergen entre ambos. En consecuencia, el esparto aparece hoy en día como una evidencia de modos alternativos de formar vínculos, basados en garantizar la sostenibilidad de las fibras y los cuerpos que conforman el corchado, antes que en la dominación o la rentabilidad.
Con la intervención en la Canónica de Vilabertran, García-Masedo entrelaza, a su vez, el legado del esparto con aportaciones de la escultura minimalista. Esta corriente artística, aunque ha tenido un amplio desarrollo al amparo del capitalismo industrial, proporciona a la artista un repertorio de procesos analíticos con los que abordar la formación de la cuerda desde su dimensión física.
En colaboración con la comunidad hilandera de Villarejo de Salvanés, García-Masedo ha elaborado un conjunto de figuraciones para dotar de presencia a la tensión, la torsión, la cadencia y la traslación, es decir: aspectos relativos a la fuerza que requiere el esparto para adquirir forma y que desencadenan, asimismo, una serie de efectos que exceden la dimensión material y entroncan con una cultura del trabajo que ha sido fundamental en el Estado español hasta mediados del siglo XX.
En cualquier caso, el vínculo que García-Masedo establece entre el esparto y la escultura tiene que ver con la necesidad de interpretar este legado no solo desde la racionalidad instrumental, sino desde la dimensión estética de sus componentes. Cyril Stanley Smith, un pionero de la historia de la metalurgia, subrayó la belleza y la curiosidad como motores del conocimiento tecnológico y científico. En sus estudios arqueológicos, el juego, los ornamentos, el entretenimiento o la celebración de ceremonias preceden en el tiempo a la obtención de útiles adaptados al cumplimiento de un fin.
El gran ritmo que sugiere García-Masedo con la cuerda de esparto probablemente nunca se habría propagado sin que interviniera, también, la fuerza que ejerce el placer estético, paradójicamente, la característica más práctica del ser humano.