Ni animal ni tampoco ángel. Marina Vargas
Marina Vargas se ha servido de las vastas opciones que ofrecen el lenguaje visual contemporáneo y sus disciplinas para relatar de una manera aguda, radical, incisiva y profunda lo que a veces las palabras no llegan a contar. El trauma reside en el cuerpo porque del cuerpo vino, y hubo silencios, pero también alaridos. En su trabajo se escucha un cuerpo poético, pero asimismo político, en imágenes que son verdad, sinceridad, de una manera templada y paradójicamente abisal que en pocas ocasiones he encontrado. Se sirve de referencias a la historia del arte, fundamentalmente de las representaciones de cuerpos canónicos heredados de la Antigüedad clásica (siete cabezas, siete y media, ocho, ocho y media, nueve… gran dilema), pero también de las analogías y de recursos que provienen en muchos casos del inconsciente y de dejar volar la mente sin ponerle límites, del azar… o de transitar la vida sin tapujos, a veces abruptamente, otras a borbotones.
Partiendo de su serie iniciada en 2015, Marina Vargas propone aquí una relectura y actualización crítica del proyecto Ni animal ni tampoco ángel. La artista revisita la idea del cuerpo desde la intervención, el desplazamiento del punto de vista y la experiencia vital, invitándonos a mirar de nuevo aquello que creíamos fijo o canónico.
La exposición cuestiona los modelos heredados de belleza, perfección y poder, la figura humana deja de ser un ideal único y dogmático para convertirse en un territorio en disputa. Repensar la imágen corporal hoy implica volver sobre esas formas, intervenirlas, tensarlas y traerlas al presente desde otros lugares y otras vivencias.