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Vacilaciones. Estados de Visibilidad, Iván Candeo

«Existe un punto de llegada, pero ningún camino; aquello que llamamos camino no es más que nuestra vacilación».

Franz Kafka

De las cinco versiones que Kazimir Malévich hizo del Cuadrado negro sobre fondo blanco, quizás la más célebre no sea ninguna de las que se enseñan en los museos rusos, tampoco aquella considerada perdida, sino esa que aparece en un documento fotográfico sobre la muestra 0,10. Última exposición futurista, que se celebró en 1915 en la antigua Petrogrado.

Paradójicamente, otro artista de nombre soviético, el venezolano Iván Candeo, regresa a dicha imagen anónima pocos días después del 110 aniversario de la clausura de la famosa exhibición, e incide en algo que ya había sorprendido al público de la época, que no sólo quedó perplejo ante las piezas expuestas, sino que se escandalizó porque Malévich había colgado, de manera deliberada, el lienzo de mayor hermetismo en la «esquina de honor» de la sala, el lugar donde la tradición ortodoxa rusa dice que deben ubicarse a los iconos.

Candeo transforma la fotografía en una maqueta tridimensional y, con ello, parece seguir los designios del propio Malévich, quien abandonó la pintura pocos años después para centrarse en la teoría arquitectónica.

Cualquier maqueta es un dispositivo de representación que permite visualizar proyectos aún no ejecutados, sin embargo, Candeo utiliza este medio en sentido opuesto: a través de él reconstruye un evento que ya ocurrió, incluso «traduce» a otro código lo que la fotografía registraba en 1915, de ahí que la maqueta y la imagen sean de un idéntico blanco y negro.

Cuadrado negro sobre fondo blanco se considera «el punto cero de la pintura», mientras que la misma exposición 0,10 aludía a cierto momento de destrucción del viejo mundo, al cero o a la tabula rasa que señala toda nueva cronología.

Además de ello, el artista ha fotografiado la maqueta desde diferentes ángulos y tipos de plano, escaneando los negativos y conservando unos pequeños marcos de la película analógica. Las imágenes se han impreso a un tamaño que conserva la escala 1.1 del cuadrado negro respecto a la maqueta. En algunas de ellas se observa su mano que sostiene la pequeña pieza y la coloca en el lugar correspondiente, como un gesto de extrañamiento brechtiano o de anacronismo prospectivo.

Junto a la instalación Malévich transparente (2025) se exhiben un conjunto de dibujos, Sin título (Angelus Novus) (2022-25), realizados con los ojos cerrados, de memoria, por así decirlo. El motivo que «aparece» es la popular obra de 1920 en la que Paul Klee remite a una leyenda originaria del Talmud. Walter Benjamin la utilizó para su teoría del «Ángel de la historia». Ariella Azoulay, Michal Heiman, Boris Groys y Giorgio Agamben, entre otros, han añadido nuevas y sugerentes interpretaciones.

Candeo incorpora tres elementos que en modo alguno deben considerarse menores. El primero tiene a ver con la recreación del ángel-vigía a ciegas, como si de esta manera negase el carácter jerárquico de lo ocular, como si ese ojo que proporciona visiones, que vislumbra acontecimientos también pudiese «ser visto» a tientas. Por otra parte, la noción de serialidad y automatismo cobra aquí un aspecto exorcizante. El artista construye una suerte de partitura infinita que desautoriza todos esos momentos estelares que la historia considera −y colecciona−, acaso señala los blind points, los atrases del tiempo que regresan una y otra vez hasta devenir epifanías. Por último, las transformaciones del dibujo de Klee en grafiti dotan al ángel que contempla el pasado y el futuro de un poder disruptivo, profanan su carácter sacramental, lo traen del más allá de lo sagrado al más acá de lo humano, restituyen su papel entre las cosas o los lastres de este mundo.

Valentín Roma

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