Augusto Torres (1913-1992)
Esta exposición presenta una selección de obras –muchas de ellas inéditas– del pintor Augusto Torres a modo de retrospectiva, mostrando las diferentes etapas de su trayectoria y esa pintura tan personal en la que alternó constructivismo y figuración metafísica.
Nacido en Terrassa, hijo de Joaquín Torres-García, entre 1919 y 1926 vivió en Nueva York, Italia y el sur de Francia con su familia, hasta que se asentó en París. En la capital francesa, Hélion le inició en la escultura africana y trató con artistas como Van Doesburg, Calder, Arp, Mondrian o Severini, entre otros muchos. Además, con solo quince años, fue contratado por el Musée du Trocadéro para ilustrar e inventariar la colección de cerámica inca y nazca (1928), lo que despertó su interés por las culturas andinas. En 1930 colaboró con Juli González en su taller, se relacionó con Picasso y realizó su primera exposición. Cuando se trasladó a Madrid (1933) se apasionó por la pintura española, realizando copias de Velázquez, Goya y El Greco.
Un año después se instaló en Montevideo. Este cambio supuso un punto de inflexión en su obra, pues pasó a formar parte de la Asociación de Arte Constructivo fundada por su padre (1935) y después del Taller Torres-García (1942), donde trabajó bajo los preceptos de racionalidad y estructura, produciendo obras plenamente constructivas sin abandonar lo aprendido en Europa. Fue conocido como «el catalán» y, en esa época, comenzó a exponer en numerosas colectivas alrededor del mundo (Montevideo, Buenos Aires, París o Washington). Augusto formó parte de toda una generación de pintores instruidos en las teorías del arte constructivo de Torres-García, entre los que también destacaron nombres como Julio Alpuy, Gonzalo Fonseca, José Gurvich o Francisco Matto, entre otros.
Tras la muerte de su padre (1949) asumió la dirección del Taller y, ya en los años cincuenta, expuso con frecuencia en Europa e inició una larga colaboración con el arquitecto Antonio Bonet que duraría hasta su muerte y para quien realizó numerosos murales, los últimos de ellos en Barcelona. Tras una importante individual en Nueva York (1960), el cierre del Taller Torres-García (1965) y diversos viajes, finalmente se instaló entre Barcelona y Montevideo a partir de 1973. En Cataluña realizó exposiciones destacadas como la de la Galeria Dau al Set (1975), además de otras muestras en Nueva York, Montevideo, Moscú, Roma, Buenos Aires, o la gran retrospectiva en el Museo de Santa Bárbara (California) en 1987.