Blanca Tolsá y Albert Tarrats. microdesfase
Con microdesfase, Blanca Tolsà y Albert Tarrats transforman la escalinata de acceso a la terraza del Museo Tàpies en un organismo sonoro y coreográfico. A través del movimiento, la voz y su modulación en directo, activan un diálogo con la acústica reverberante del espacio y generan un paisaje caleidoscópico donde cuerpo, sonido y tecnología se afectan mutuamente.
La pieza parte de un tono ligeramente inestable, una insistencia que da paso a microdesplazamientos y tensiones armónicas: tonalidades que emergen como un relieve orgánico, un espejismo auditivo que desafía la percepción e invita a una cierta forma de alucinación.
El sonido, inyectado en el espacio, retorna transformado: la arquitectura respira, responde de forma imprevisible y reaviva su memoria. Deja de ser un contenedor inerte para convertirse en un cuerpo poroso y compartido. La activación del entorno —que quiere hacerse eco de la práctica del propio Antoni Tàpies, quien buscaba realzar la cotidianidad como una dimensión potencialmente mágica— pone en valor los gestos sutiles, los microdesplazamientos y los ecos que persisten cuando el sonido principal se desvanece.
Como el artista, que miraba fijamente un muro para alcanzar una forma de iluminación inspirada en la práctica zen, microdesfase propone una experiencia contemplativa en la que la escucha atenta revela la riqueza oculta de lo aparentemente insignificante.
Situada en un espacio de paso, de camino hacia la escultura de Tàpies Mitjó (Calcetín), la performance invita al público a habitar un territorio de ilusión auditiva y alteración sensorial. Aquí, la visión se difumina y la escucha se convierte en el centro de una experiencia a la vez colectiva e íntima, en la que el sonido parece provenir tanto del cuerpo como del aire que lo rodea y desdibuja los límites entre emisión, eco y reflejo.