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Punto y coma – Teresa Camacho

Una cuña, en esencia, sirve para frenar una puerta, o al menos ese es su uso más mundano y extendido. También sirve para hendir, dividir, reforzar, ajustar; detener. Se integra en ensamblajes simples como un hacha o para contener el agua en el agujero de un barco. Pero cuando pensamos en ella por sí sola, lo que nos viene a la cabeza es aquella cosa, aquel pequeño objeto que utilizamos para detener la fuerza de la gravedad y evitar que una puerta se cierre.

La cuña también aparece en el campo lingüístico. En catalán, una falca (muletilla) es una palabra que alarga el enunciado para ganar tiempo. De algún modo, es como si frenara momentáneamente una bola de pensamientos que hacen fuerza por salir y ser verbalizados, conteniéndolos a la espera de encontrar las palabras adecuadas para continuar.

¿Qué es, entonces, un punto y coma? A ver, eh… digamos que, del mismo modo que esta muletilla, el punto y coma interrumpe el flujo de una frase sin romper su continuidad. A diferencia del punto (más taxativo) y de la coma (más leve), el punto y coma se sitúa en una dimensión intermedia y más ambigua; intercepta el lenguaje para generar otro ritmo.

Así pues, en Punto y coma, Teresa Camacho traslada el mecanismo de la cuña al plano pictórico, actuando de este modo sobre el ritmo de la composición. Los bloques de color inclinados introducen una sensación de fuerza e inercia, y entre cada bloque se abren unos interespacios en los que la artista genera un contraste de texturas y vibraciones cromáticas. Es en esta tensión entre continuidad e interrupción donde aparece la cuña: una intervención subjetiva sobre el ritmo que lo desplaza y determina uno nuevo.
Ricard Casals Coiduras

Punto y coma – Teresa Camacho
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