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Un juego de criaturas. Dentro del ciclo de exposiciones “20 minutos al margen”, comisariado por Bernat Daviu

Rafel G. Bianchi y Margit Kocsis
Con la contribución de Irene Pujadas
Comisariado por Bernat Daviu

Bòlit La Rambla
Ciclo: 20 MINUTOS AL MARGEN
13.03.2026 al 06.09.2026

En pleno agosto de 2020, una niña de tres años montada en un unicornio inflable desaparece accidentalmente en la playa de una isla griega, arrastrada por las corrientes del mar. Un ferry la localiza en alta mar, aferrada firmemente al flotador, y es rescatada sana y salva. Pero, ¿y si la niña hubiera decidido escaparse? ¿Quién no ha deseado, en algún momento, desviar el curso de la historia que le ha tocado vivir?
Este ciclo, comisariado por Bernat Daviu (Fonteta, 1985), se despliega en tres exposiciones concebidas como capítulos de una novela coral. Las obras reúnen relatos y personajes que habitan los márgenes: figuras que desafían los límites impuestos, cuestionan los imaginarios dominantes y se reivindican en contextos desidealizados o distópicos. La ficción se convierte en una herramienta para generar relatos escapistas y metafóricos, a la vez que críticos con la realidad, desde donde se articula un discurso sobre identidad, resistencia y memoria.
«Un juego de criaturas», presentada en Bòlit La Rambla, es una exposición que establece un diálogo entre la pintura de Margit Kocsis (Java, 1941 – Ámsterdam, 1984), una instalación de Rafel G. Bianchi (Olot, 1967) y un texto de la escritora Irene Pujadas (Sant Just Desvern, 1990).
Más allá de su repercusión mediática como modelo y actriz durante las décadas de 1960 y 1970, Kocsis —artista holandesa nacida en Indonesia pero residente en Cataluña desde los años 60 y estrechamente vinculada a Argelaguer, donde instaló su estudio— desarrolló una obra marcadamente introspectiva, centrada en figuras infantiles inquietantes que cuestionan y desarticulan la imagen idealizada de la infancia. Bianchi —que la conoció cuando era niño— revisita la obra de Kocsis prolongando y alterando los cuerpos de sus retratos, para activar un juego con aquello que permanece oculto y generar una tensión entre memoria y ficción.
En la instalación de Bianchi, estos dibujos de figuras prolongadas se convierten en una colección recortable que el visitante puede llevarse, fruto de una colaboración entre el artista y la diseñadora Lola Mesalles (Barcelona, 2000).
La pintora holandesa se convierte también en el punto de partida del texto de Irene Pujadas, que propone biografías imaginarias de Margit Kocsis para reivindicar una obra pictórica eclipsada tanto por la imagen sexualizada de la artista que quedó en el imaginario colectivo de la época tardofranquista como por su muerte prematura.
Las tres exposiciones del ciclo —«Un juego de criaturas», en Bòlit La Rambla; «Aquí mismo en otro lugar», en Bòlit Pou Rodó; y «Maladaptive daydreaming», en Bòlit Sant Nicolau— comparten el espíritu más subversivo de las marginalia. La marginalia —palabra del latín que significa «en los márgenes»— era originalmente un repertorio diverso de elementos escritos y, principalmente, icónicos, situados en los márgenes de las páginas de los libros occidentales durante la Edad Media, que permitían al copista —más allá de ejercer una función aclaratoria— una vía de escape lúdica o satírica con la que evadirse de su tarea monótona y romper con la rigidez del texto principal.
Veinte minutos es el tiempo que la niña del unicornio pasó desaparecida —o quizás escapada— en el mar. Es también, según diversos estudios, el tiempo medio que un visitante dedica a una exposición. El ciclo 20 minutos al margen propone una inmersión en relatos disonantes que abren espacios de cuestionamiento, desplazamiento y posibilidad.

Un juego de criaturas. Dentro del ciclo de exposiciones “20 minutos al margen”, comisariado por Bernat Daviu
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