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Llamas para una polilla. Ilse Kind
En 2018, una imagen de una polilla presionándose contra una ventana, atraída por una lámpara, se volvió viral: muchos se reconocieron en su atracción hacia el brillo de las pantallas. Las polillas se orientan por la luz, pero la luz artificial produce captura en lugar de orientación. Los escaparates iluminados explotaron este instinto, convirtiendo el vidrio en una superficie que atrae y dirige la atención. Hoy, las ventanas también devuelven la mirada, extrayendo valor del propio acto de mirar. Llamas para una polilla es una instalación site-specific en el Raval de Barcelona. Utilizando la atención como materia prima, moviliza el escaparate como una membrana entre interior y exterior, traduciendo la presencia en producto.